La Escuela de Letras en su sexagésimo aniversario

Elina Miranda Cancela
Profesora de Clásicas

(Nota del Equipo Editorial: Este texto fue leído el 14 de febrero de 2022 en el Aula Magna de la Universidad de La Habana (La Habana, Cuba) con motivo de la celebración del sexagésimo aniversario de la Facultad de Artes y Letras que forma parte de la misma institución. El Equipo Editorial de Deinós agradece a la Dra. Elina Miranda por permitirnos publicar sus palabras)

Foto: FAyL, Facebook.

Hace sesenta años un día como hoy llegué al edificio Dihigo para buscar afanosa, en medio de todos los que nos habíamos presentado al examen de ingreso exigido por la Escuela de Letras, mi nombre en las listas expuestas en el vestíbulo para, una vez constatada la aprobación, subir las escaleras y recibir la primera clase. Pero, como nos advirtiera la Dra. Mirta Aguirre al recibirnos, era el inicio no solo para nosotros como estudiantes sino también para ella como profesora. En efecto, en el momento en que muchos profesores de otras especialidades abandonaban las aulas, la Escuela de Letras  no solo pudo contar con figuras de larga trayectoria en el magisterio universitario, como  Vicentina Antuña y Rosario Novoa; con  otras de más reciente incorporación pero igualmente destacadas: Roberto Fernández Retamar, Adelaida de Juan, Graziella Pogolotti; sino también con personalidades notables en el campo intelectual que por un motivo u otro no habían tenido acceso hasta entonces a las aulas de nuestra Universidad: la propia Mirta, Camila Henríquez Ureña, quien ya jubilada en universidades norteamericanas y que hasta el momento solo había podido brindar algunos cursos de verano, al fin conformaba el claustro habanero; sin olvidar a José Antonio Portuondo que, al igual que Mirta, no había podido ejercer como profesor por su filiación política; pero director en ese momento de la Escuela de Letras de la Universidad de Oriente, pocos años después también sería nuestro profesor, para solo mencionar algunos; sin olvidar el aporte que a lo largo de la carrera recibiríamos de especialistas de otras nacionalidades como Oldrich Tichy y Federico Álvarez.

Fue mi promoción la primera graduada en la Licenciatura después que, atenida a lo dispuesto por la Reforma Universitaria, la Escuela de Letras abriera sus puertas y, por tanto, aquellos que, aceptados tras rendir un examen con carácter eliminatorio, comenzamos los estudios el 14 de febrero de 1962, fuimos también los primeros en experimentar el impacto de las nuevas normas establecidas en la docencia universitaria. El grupo admitido entonces era heterogéneo, tanto en edades como en formación y ocupaciones. Junto a los que recién habíamos terminado la enseñanza media y solo nos dedicábamos al estudio había jóvenes trabajadores y otros, de diversos campos laborales, que habían esperado largos años para matricular al fin en la Universidad, sin faltar quienes habían renunciado a sus puestos de trabajo para dedicarse al estudio. La diferencia de experiencias, lecturas y cultivo de las letras enriquecían no solo los debates en clases sino las conversaciones y las actividades que asumíamos como estudiantes; al tiempo que todos sabíamos que la Reforma Universitaria se había promulgado en procura de un mayor rigor y dominio, en nuestro caso, de  distintas áreas humanísticas que antes estaban comprendidas en la carrera de Filosofía y Letras; mientras se reservaba el título de doctor para niveles científicos superiores, una vez egresados  de la Licenciatura; aunque el verdadero significado que en la educación cubana tendría la promulgada Reforma solo lo iríamos comprendiendo en el decurso de nuestro ejercicio profesional.

Dra. Elina Miranda. Celebración de los 60 años de la Facultad de Artes y Letras. Aula Magna de la Universidad de La Habana, 14 de febrero de 2022. Foto: Mario Calit.

Dentro de la carrera de Letras se agrupaban, con dos años de estudios básicos comunes, las licenciaturas en lenguas y literaturas clásicas, hispánicas con sus vertientes en española, hispanoamericana y cubana, así como en lengua y literatura francesa, inglesa y rusa. Se daba así respuesta a la necesidad de formar filólogos competentes, al tiempo que se abrían caminos novedosos en nuestro contexto latinoamericano. A ellas se añadiría dos años después la especialidad en Historia del Arte, reclamada por estudiantes y profesores, de modo que la Escuela se denominaría entonces de Letras y Arte.

Fue la Universidad de La Habana, por ejemplo, una de las primeras en Nuestra América en ofrecer, dentro de la carrera de Letras, la Licenciatura en Lenguas y Literaturas Clásicas, con la perspectiva, no de reproducir la enseñanza de la filología clásica con el corte tradicional que usualmente la caracterizaba; sino como base de la enseñanza humanística, como instrumento no solo para entender las grandes obras, sino también nuestra propia cultura y, en consecuencia, actuar en la transformación de nuestras circunstancias; perspectiva presente también en todas las demás especialidades, según siempre había propugnado la Dra. Vicentina Antuña, una de los artífices de la Reforma Universitaria y primera directora de la Escuela de Letras.

Se confería, por tanto, también una nueva dimensión a los estudios de idiomas modernos, al considerarlos como expresión de una cultura y proponerse no solo la formación de conocedores de la lengua, sino de verdaderos filólogos con objetivos semejantes a los considerados indispensables para la preparación de especialistas en nuestra lengua española, sin obviar, dentro de la filología hispánica, la importancia de profundizar en las letras de Hispanoamérica y especialmente de Cuba. Graduados de las distintas especialidades de aquellas primeras promociones han validado el aserto de la propuesta al destacarse como investigadores, críticos, profesores, dirigentes de los procesos culturales, editores, creadores; en fin, como personalidades en el campo de las letras.

A ello contribuyó indudablemente la base recibida en los dos años de estudios comunes en disciplinas necesarias para la formación de un profesional capacitado para ejercer en las direcciones mencionadas, al dotarlo de fundamentos culturales imprescindibles y familiarizarlo con distintos enfoque y métodos. Fue esta combinación de disciplinas básicas en la formación de un humanista y de aquellas que perfilaban un campo de dominio específico, uno de los asertos indudables del plan establecido: sin importar la especialidad elegida, todos sus graduados podían hacer gala de un uso acertado de la lengua española, de nociones lingüísticas que facilitan el uso de un lenguaje técnico o la comprensión de textos de orígenes disímiles, pero también de una base cultural amplia en que insertar el fenómeno específico objeto de su estudio. Desde entonces se postuló lo que actualmente sigue siendo un principio rector de nuestros planes y programas, el procurar al estudiante ese basamento mencionado junto con los métodos de análisis apropiados; el conjugar un espectro relativamente amplio con la profundización indispensable en un ámbito específico.

Dra. Graziella Pogolotti. Celebración de los 60 años de la Facultad de Artes y Letras. Aula Magna de la Universidad de La Habana. Foto: Mario Calit.

Juntos, claustro y estudiantado, enfrentamos la formación en nuevas especialidades, la escasez de libros, la riqueza de la vida cultural de entonces llena de conferencias, cursos, puestas teatrales, ciclos de películas, exposiciones de artes plásticas, así como de trabajos voluntarios, en sus múltiples variantes, y la inclusión en las transformaciones operadas en la vida nacional del momento.

Las inquietudes académicas, culturales, sociales encontraban cauce a través de la Asociación de estudiantes, tal como se denominaba la FEU en sus agrupaciones de base. No solo nuestros criterios sobre el desarrollo de la carrera eran escuchados, sino que propiciaron cambios en el plan de estudios y se complementaba nuestra formación e incidencia social a través de las actividades organizadas, las cuales podían ir desde invitar a escritores —como José Lezama Lima— para conversar sobre su obra, hasta la organización de las llamadas Brigadas Literarias a fin de que otros también pudieran disfrutar de la lectura de las obras que a tan bajo precio ponía a disposición de todos la Imprenta Nacional, o la búsqueda de libros para nuestra biblioteca, así como asumir la mecanografía y reproducción rudimentaria de textos que nos proporcionaban los profesores. Salió de los estudiantes la propuesta de, una vez graduados, realizar trabajo social en cualquier parte que fuera necesario, entre otras muchas más. Profesores y alumnos participaron en la preparación y ejecución de los trabajos de investigación socio-culturales en los que se abarcó casi todas las provincias, incluidos parajes relativamente aislados hasta entonces. El alcance de la competencia académica y científica necesaria, la voluntad de servir y colaborar en la proyección humanística de nuestro país encontraron así su plasmación, tanto en los fundamentos sobre los que se erigieron los nuevos planes de estudio superior como en su ejecución.

La Reforma Universitaria permitió un vuelco indudable en la preparación académica, al propiciar una mayor indagación en aspectos específicos de la cultura, pero siempre sin obviar las necesidades de una base suficiente en que insertar y comprender los fenómenos específicos, la formación de un profesional que supiera conjugar el rigor científico, la acuciosidad en la búsqueda, la adecuada expresión de su pensamiento, con la responsabilidad de su incidencia social; conjunción que bien se pusiera de manifiesto en el proyecto de investigación-desarrollo dirigido por la Dra. Pogolotti en la zona del entonces regional Escambray.

Fueron estos primeros años de concreción de los planes, con el modelo ofrecido por nuestros profesores y el entusiasmo consciente del estudiantado en torno al papel que nos tocaba desempeñar en nuestra sociedad, cuando se generó el clima que caracterizó a la Escuela de Letras de cuya pertenencia no solo se enorgullecen sus graduados, sino que, aun cuando dio paso a la Facultad de Filología y posteriormente a la de Artes y Letras, muchos de los estudiantes y graduados de Letras, tanto en una como en otra, siguen identificándose como parte de ella y propician la permanencia de sus principios, puesto que los planes de estudios actuales se proyectaron sobre aquella experiencia y se procura, no obstante los variados avatares, el que se mantenga su mismo espíritu, en tanto el ejemplo de nuestros profesores y el sentido de pertenencia de entonces ha devenido una meta siempre presente en nuestro trabajo profesional. La Escuela de Letras deviene, por tanto, luego de sesenta años de su fundación y cambios de nombres, paradigma de formación, siempre acorde con los retos de nuevas etapas, pero también siempre en busca de la formación de un profesional en que se conjugue el rigor científico, el cultivo de las humanidades y la voluntad de servir que distinguieron a sus fundadores. Como primeros egresados de esa institución, no es posible dejar de volver la mirada hacia aquellos momentos iniciales y procurar que ello sirva de indudable sustento a nuevos derroteros de renovación y práctica cultural, siempre con el empeño de formar egresados que lo sean, como propusiera José Martí, tanto de ideas como de actos.

Estudiantes. Facultad de Artes y Letras. Universidad de La Habana.

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