La enfermedad y la sexualidad. Un recorrido en dos obras de Marta Sanz*

Giovanna Maria Canu

Marta Sanz en EL PAÍS
En la imagen, la escritora española Marta Sanz.

La autora y las obras

Marta Sanz (Madrid, 1967) es considerada “una de las nuevas narradoras, la que más explícitamente ha desarrollado una teoría del realismo” (Pozuelo Yvancos 361) por el estilo que emplea en sus obras y por el lema de su literatura: “ser cuerpo es ser lenguaje”. Sus obras se pueden diferenciar por ciclos narrativos según el género: novelas, autobiografías, novelas negras, poesías y ensayos.

Su carrera empieza con la publicación de la novela El frío (1995), cuyo título remite a la sensación de frío consecuencia de una ruptura sentimental. Decidió escribir para vengarse, para rebelarse al dolor: este será uno de los rasgos que marcará el principio de su carrera como escritora. Como crítica literaria, en sus últimas colaboraciones con El País, ha escrito sobre las consecuencias de la pandemia Covid-19, que recayeron también en las empresas editoriales. Pese a la situación de la pandemia, publica en 2020 pequeñas mujeres rojas, novela negra que acaba una trilogía junto a Black, Black, Black (2010) y Un buen detective no se casa jamás (2012). Es antes que nada una mujer comprometida socialmente que utiliza la escritura para tratar temas considerados tabúes, o sea: la desigualdad de género, la homosexualidad, la sexualidad, la sumisión al capitalismo y el feminismo. Su compromiso con temas de contenidos “incómodos” supone ciertas dificultades en la publicación de algunos trabajos. En el caso de La lección de anatomía (2008), por ejemplo, una editora se expresó negativamente sobre la obra. La publicación tardía se debe al hecho de que el tema de las relaciones entre mujeres heterosexuales (concretamente: nieta y abuela, madre e hija, compañeras de universidad, etc.), no tiene mucho éxito por ser considerado un asunto sin necesidad de análisis o comentario (Touton 87). La lección de anatomía marca un nuevo ciclo narrativo: el de las autobiografías, del cual también forma parte Clavícula (2017) y el más reciente Parte de mí (2021). Sanz es ganadora del Premio Herralde de novela por Farándula (2015), una obra irónica y “revolucionaria” en la que se impone el lenguaje como forma de literalidad (Pozuelo Yvancos 360). Otra importante vertiente de su escritura es representada por los ensayos: No tan incendiario (2014), Éramos mujeres jóvenes (2016) y Monstruas y centauras (2018).

El dolor en la Clavícula

La narración de Clavícula se desarrolla en la época actual y empieza con la presentación de una mujer española de 47 años mientras emprende uno de sus muchísimos viajes de trabajo. Es un viaje en avión y la protagonista está leyendo un libro cuando, repentinamente, empieza a experimentar una sensación de ansiedad al notar que le duele la costilla por debajo del pecho izquierdo. Durante la lectura se da cuenta de que su dolor podría ser un síntoma del cáncer o de una enfermedad letal. A partir de allí, su hipocondría no la deja en paz y, más adelante, su dolor crece y empieza a involucrar cuerpo y mente hasta el punto de explotar. Su firme convicción de que se va a morir pronto asusta a su marido que corre hacia ella e intenta aliviar su pena. Él se preocupa, intenta tranquilizarla, aunque sin resultados.

Uno de los puntos centrales de Clavícula es que ni en su entorno ni entre los doctores, nadie le dice a la narradora autoficcional qué enfermedad la afecta. En ningún momento se menciona la menopausia, aunque, realmente, es de eso de lo que se trata. Hay una evidente falta de fe en los médicos, que contestan a su descripción del dolor de manera totalmente despectiva. La menopausia conlleva también una nueva manera de vivir la sexualidad y el deseo: ella nota la falta de sabor en los alimentos, el olor de la piel que cambia, los ataques de ansiedad y muchos más cambios. De alguna forma todas estas consideraciones dan a entender que la menopausia es el motor que acelera el proceso de la vejez (Chiechi 13). En este sentido se ponen en evidencia las consecuencias de la menopausia, vista como causa de múltiples pérdidas en la vida de una mujer: la pérdida de fertilidad, la pérdida de juventud, la pérdida de la sexualidad, de la condición de mujer, y de la salud (Chiechi 13). Respecto al sufrimiento físico, en el cuerpo de la protagonista hay un sitio donde el malestar se origina y es en la clavícula.

Desenmascaramiento del yo

El título de la obra es Clavícula que procede del latín clavis, o sea, clave, y se debe al hecho de que a la protagonista le duele la clavícula. No se trata simplemente del hueso entre el esternón y la garganta, sino de una llave simbólica que es fundamental para interpretar lo que está sufriendo su cuerpo. Esa parte enfermiza es el lugar metafórico del dolor y la clave que le permite hablar sobre el tema y comunicárselo a los lectores. Es así como se produce una autobiografía novelada en la que verdad y ficción se entretejen. De hecho,

el pacto autobiográfico se propugna como un juego (…), el autor se sentiría más libre sin la restricción que supone el posible control de un lector que evalúe la veracidad o la mentira del relato. Podría dar como ficticio lo verdadero en una forma de simulación tímida, bajo la cual se expresarían, en clave de novela, verdades que el autor podría considerar inconfesables.

(Alberca 295-7)

Esas verdades inconfesables quizás reflejen no solo una nueva etapa de la vida (en este caso: la menopausia) sino también factores personales y sociales que serían mucho más difíciles de contar sin los juegos de la ficción. Con ese “pacto autobiográfico” Sanz expresa la verdad sobre su vida, y al anunciarlo se compromete (Lejeune en Alberca 21):

la autoficción con su calculada estrategia y sus contradictorias afirmaciones está implícitamente pidiendo al lector que dé respuestas, que elija y participe activamente para resolver la incertidumbre del relato. Pero al mismo tiempo que se le invita y se le estimula a la interpretación.

(Alberca 295-7)

En Clavícula, escribir sobre el cuerpo es escribir del yo. La narración se desarrolla gracias a un lenguaje corporal que es fundamental en la autobiografía:

El yo de cada hombre es también su corporeidad. El cuerpo es un campo expresivo del yo y a través del lenguaje nos podemos comunicar unos con otros (…) y solo a través del cuerpo que habla podemos conocernos, reconocernos, acogernos, entregarnos y convidamos a vivir. Los gestos de amor, por ejemplo, expresan, de manera particular, el espesor concreto y la verdad de nuestra existencia corporal.

(Manzanares s/p)

En este sentido, la novela autobiográfica es también testimonial, de ahí que las dos formas textuales se puedan juntar, pues “no solo los datos de un individuo y su época, sino el lugar donde se elabora, reproduce y transforma a la vez una identidad colectiva que suele ser la de los grupos dominantes de la sociedad” (Campra y Prellwitz 140).

Por eso, en varias ocasiones Sanz añade elementos propios del género autobiográfico: el uso de la primera persona; detalles cotidianos (como el número de su asiento, el 17C, en el avión en el que está viajando al principio de la historia). También: la descripción del marido cariñoso y atento; el hecho de nombrar a las amigas que sufren como ella de la indiferencia total de los médicos. Por eso se hace portavoz de un dolor compartido con las demás mujeres a través de un “hablar de sí” (Campra y Prellwitz 137).[1] En resumidas cuentas, el género autobiográfico le facilita a la vez desahogarse del dolor provocado por la enfermedad e informar al público de lectores sobre qué es la menopausia.

El fracaso de unas expectativas

En cuanto a lo que se refiere a la estrategia de nombrar a sus amigas en Clavícula para darles voz e identidad, la relación con Éramos mujeres jóvenes. Una educación sentimental de la transición española (2016) surge espontáneamente. En este ensayo se recogen entrevistas a unas cuantas mujeres, con atención particular a sus costumbres amorosas y sexuales. El título se debe al hecho de que las mujeres protagonistas entrevistadas son todas hijas de la Transición, tal como lo es Sanz, o sea, nacidas entre finales de la década de los cincuenta y comienzos de los setenta. Son mujeres de la Transición y eso es importante para subrayar que vivieron una época de cambio de costumbres, de leyes, de nuevas formas de vivir la vida. Entre ellas compartían una convicción, se esperaba que, junto a la construcción de un nuevo país libre y democrático, también se alcanzaría una nueva visión de la mujer, con libertades y derechos. “Vivieron la fantasía de que eran libres e iguales a los hombres” (Éramos mujeres jóvenes 185).

La transición española fue un proceso político, social, y culturalmente complejo y extenso en el tiempo, cuyos efectos todavía son visibles en el presente. Fue un periodo crucial en nuestra historia más reciente. Un proceso de cambio que marcó la vida de más de una generación y cuya memoria resuena con fuerza en las generaciones que vinimos después. Para quienes nacimos ya en la democracia, para quienes heredamos el relato de ese proceso fundacional y sus consecuencias, la Transición es siempre una referencia a la memoria de los otros: a la memoria de aquellos quienes vivieron un tiempo no tan lejano y que nos transmiten su relato.

(Ros Ferrer 13)

Las “mujeres jóvenes” del título son mujeres a las que Sanz da voz en su ensayo y que, como ella, eran jóvenes cuando España también “era joven” desde una perspectiva democrática. Sanz las llama corifeas, y el motivo lo revela claramente en el texto cuando dice que se ha esforzado para salir de sus creencias y sus ideas. Ha llegado a ser imparcial para acoger todas las experiencias de otras mujeres, sin prejuicios previos: “He procurado trascender el caparazón de mi autobiografía, de mis impresiones a partir de lo vivido, y he pasado el micrófono a un coro” (Éramos mujeres jóvenes 10). Según ella, esas mujeres han sido generosas y valientes a la hora de contestar “a las preguntas de un cuestionario muy indiscreto” (Éramos mujeres jóvenes 11). Lo indiscreto reside en el hecho de hablar de la sexualidad que durante la dictadura era una sexualidad de prohibición y que luego llegó a ser una sexualidad de consumo. Las dos son el fruto de una educación sexual nula: antes y después de la llegada de la democracia en España (Éramos mujeres jóvenes 25). Más bien, se supone, de manera cada vez más evidente, que el cuerpo femenino sea un objeto llamado a respetar y seguir demasiados cánones de belleza y de salud para adaptarse a las expectativas de la sociedad. “El sexo se vende como una actividad que se debe practicar más y mejor. Las mujeres llevan toda la vida interiorizando los parámetros que las convierten en deseables. Su cuerpo no deja de ser un producto” (Mieville en Éramos mujeres jóvenes 172).

Clavícula - Sanz, Marta - 978-84-339-9829-3 - Editorial Anagrama

Un género para hablar de “género”

La intención de la autora a través del ensayo es la de “desentrañar los preceptos culturales y políticos de una sociedad que a menudo nos daña” (Éramos mujeres jóvenes 30). A propósito del ensayo literario, se puede contar con un aumento notable de estudios (García y Ródenas) sobre el género y sobre la distinción entre concepto de diálogo y concepto de ensayo. Si bien en el ensayo se realiza una conexión y un diálogo entre el escritor y el lector, hay que diferenciar las dos formas de escritura, el diálogo y el ensayo:

En realidad, la diferencia intrínseca entre el diálogo como forma literaria y el ensayo se encuentra en que el primero indica explícitamente una posible interpretación de lo expuesto por el autor, mientras que en el ensayo hay varias interpretaciones a distintos niveles que se hallan sólo implícitas en la obra. Por ello, en tanto el diálogo se limita en la calidad del público a quien se dirige, el ensayo deja abierto su radio de acción.

(Gómez-Martínez 38-9)

En general, la tradición del ensayo español es muy vasta, hay que recordar entre muchos a Miguel de Unamuno con ¡Adentro! (1900) Ramiro de Maetzu con La obra de los muertos (1904); también a José Ortega y Gasset con La deshumanización del arte (1925); Josep Pla con El bilingüismo (1957) y Carmen Martín Gaite, más reciente todavía, con El cuento de nunca acabar (1983), (García y Ródenas) y muchos más. A estos se pueden añadir Usos amorosos de la postguerra española (Martín Gaite 1987) y con el ensayo Marta Sanz acerca al tema de los usos amorosos en la Transición española con Éramos mujeres jóvenes (2016).

Si miramos a las características del ensayo en general, podemos afirmar que la obra de Sanz respeta muchas de esos elementos. En primer lugar, la intención del ensayista es favorecer la expresión de una opinión por parte del público de lectores sobre los temas tratados, y que dicha participación sea activa entre quien da informaciones y quien las recibe; en segundo lugar, se emplea la primera persona en la narración; en tercer lugar está elegir la estructura de la entrevista como texto de Éramos mujeres jóvenes, de modo que la autora pueda ofrecer una imagen de comunicación oral más concreta y constatable; por último, el tratamiento de los temas de la actualidad y de la condición de unas mujeres que, a diferencia de sus madres, han vivido una época y una educación religiosa muy distintas.

Contar el sujeto a partir de la colectividad

Tanto en Clavícula como en Éramos mujeres jóvenes los temas recurrentes son la amistad y la familia: ambos reflejan la voluntad de la autora de otorgar espacio a las historias de los demás que están a su lado. Son gente con la que se relaciona, se confronta y que le devuelven un apoyo sincero. Se trata de un recorrido compartido con las demás mujeres puesto a disposición del lector de manera que quien lee se dé cuenta de que todas pueden compartir las mismas experiencias y aprender la una de la otra. En Clavícula, el marido y los padres de Sanz tienen un lugar propio. También Juan, su amiga Natalia y los médicos que se olvidaron un trozo de venda en el interior de su barriga cuando dio a luz. No es casual que cuente este episodio como si fuera asunto propio. Eso tiene que ver también con el hecho de que haya una necesidad de contar el sujeto a partir de la colectividad, puesto que “todo cuerpo está en relación con otros cuerpos” (Picchio en Claesson 289-290). Sanz no solo trata el tema de la enfermedad a través de su experiencia personal, sino también a partir del historial médico de sus amigas: casos de cáncer, de endometriosis detectadas demasiado tarde, de menopausias silenciosas, también de su amiga Chari que tiene fibromialgia, de lupus, de celiaquía, de costocondritis y muchas enfermedades más. El significado de este discurso tan detenido sobre las enfermedades y cómo expresarlas tiene que ver con el darse cuenta de que no solo quien escribe sufre, sino que también lo hacen todas las mujeres enfermas. En esto consiste, de hecho, el compromiso de Sanz con el feminismo: hablar de los temas del cuerpo femenino, y concretamente de la menopausia, del dolor físico de las mujeres (y cómo a menudo este se suele esconder hasta transformarse en inquietud interior), del embarazo doloroso de su madre, como explica en La lección de anatomía (27), de los problemas físicos y mentales provocados por una salud débil, del tema de la sexualidad femenina, que es cambiante según la edad y que se suele callar. También y, no por último menos importante, la autora aborda la poca satisfacción con el cuerpo de una misma que hace a lamujer sentir incomodidad y desazón. En la novela, las preocupaciones de la protagonista por la vida cotidiana se originan también en el desempleo de su marido, metáfora de una precariedad social y económica considerable y preocupante. Aunque intente compaginar más de un trabajo, no consigue obtener los mismos ingresos todos los meses. En Clavícula, sus dolores físicos reflejan esa inquietud interior (112).

Todo esto, sin embargo, tiene que ver con el hecho de que la sociedad y la medicina exigen tener bajo control todas las etapas de la vida de una mujer: el nacimiento, el crecimiento, la vida sexual, la menopausia y las enfermedades que brotan y se apoderan del cuerpo sin pedir permiso. En particular, en la sociedad postindustrial, la menopausia ha llegado a ser para algunos una fuente de ingresos porque la medicina y las empresas farmacéuticas se benefician de las enfermedades de las mujeres que la padecen. Además, es en esa fase cuando la medicina ya no tiene como único objetivo el de curar sino también el de traer beneficios y, por consiguiente, dinero (Chiechi 128). Aquí se evidencia la instrumentalización del cuerpo de la mujer (Chiechi 141) y se muestra cómo el sistema permite que la medicina manipule al paciente y le haga creer que sin su intervención no logrará ningún éxito. En el proceso vital de la mujer siempre se ha dejado clara la “obligatoriedad” de la reproducción y cuando la capacidad reproductiva cesa definitivamente por naturaleza, la medicina considera su responsabilidad asumir el papel de salvadora.

También en Éramos Mujeres Jóvenes Marta Sanz escribe sobre ese papel de la medicina:

está construido con un patrón androcéntrico, es decir, con un varón blanco como representante de la especie humana. Y no es hasta finales del siglo XX que se empieza a tener en cuenta que existen diferencias en el modo de enfermar y en el tipo de dolencias más frecuentes en ambos sexos. Falta de conciencia de la diferencia (…). Tanto la investigación médica como la docencia y la asistencia sanitaria han mirado a las mujeres como si fuesen hombres y no han visto sus problemas y enfermedades específicas, ni han entendido su malestar y su dolor.

(Ortiz- Gómez en Éramos mujeres jóvenes 160)

De la misma forma actúan los médicos en Clavícula, o sea, sin considerar la especificidad de la mujer y sus patologías. De hecho “la salud de las mujeres se ha estudiado y valorado solo en el aspecto reproductivo y este enfoque ha impedido abordarlo desde una perspectiva integral” (Valls Llobet en Éramos mujeres jóvenes 161). Por esta razón, es muy probable que una mujer mayor se cuide menos que una mujer joven, porque “ser joven es de algún modo lo mismo de ser bella” (Éramos mujeres jóvenes 174) y por eso, digna de atención.

¿Violencia o amor?

En Clavícula, el tema del amor se concreta con la cercanía de Chema, un marido atento, respetuoso, que siempre está al lado de la protagonista: se nota que los dos comparten un amor verdadero. Entre los dos hay un apoyo constante, una confianza y una complicidad que muestran los años pasados juntos. La presencia de Chema (hombre sensible, romántico y para quien los códigos sentimentales con los que creció, pueden ser dolorosos y a veces parecidos a los de una mujer) otorga visibilidad a este tipo de hombre, más atento hacia lo femenino. La descripción del personaje, en particular, se parece mucho a Carlos Zanón, el amigo escritor de Marta Sanz, al cual ella dedica el épilogo de Éramos mujeres jóvenes. A pesar de las entrevistas destinadas a mujeres a lo largo de todo el relato, Sanz concluye su trabajo con un cuestionario dirigido a un hombre –el mismo Zanón– sobre su manera de vivir la sexualidad. Sanz evidencia una única respuesta en que Carlos y algunas corifeas difieren: Carlos contesta de manera negativa y las mujeres de manera afirmativa. La pregunta aborda la sensación de haberse sentido víctima de la violencia, alguna vez, durante una relación sexual y en el ensayo se habla de violencia cuando una de sus corifeas cuenta cómo fue sentirse violada en el momento de la pérdida de la virginidad y a lo largo de toda su vida. Sanz profundiza este tema en distintos momentos, llegando a la conclusión de que cuando una mujer se siente violada, efectivamente ha sido violada y esa sensación es muy común en las experiencias sexuales femeninas (Éramos mujeres jóvenes 78).

Conclusiones

Sanz escribe sobre dos maneras de vivir la sexualidad en contextos diferentes, sin embargo, ambas están silenciadas por la sociedad. En Clavícula, la sexualidad está afectada por la menopausia, mientras que en Éramos mujeres jóvenes es evidente la opresión social sobre el cuerpo de las mujeres en distintas épocas de la vida. Éramos mujeres jóvenes puede definirse como el “relato del destape y de la lucha feminista. El cuerpo de las mujeres como texto; el cuerpo femenino como el lugar en el que se inscribe la historia y la geografía como espacio en que se condensa la analogía de lo histórico y de lo biológico” (Ros Ferrer 238). Sanz se toma la libertad de escribir sobre el dolor del propio cuerpo, sin prejuicios ni tapujos. Un derecho que se toma para escribir de la menopausia y de la sexualidad apuntando hacia la sensibilización y la solidaridad, no solo entre mujeres. Lo hace a partir “del propio cuerpo, de sus fragilidades y miserias, del dolor y el sufrimiento y de la enfermedad” (Alberca 325). El presente trabajo nació también de la reflexión sobre las expectativas que la democracia española conllevaba con respecto a las relaciones entre hombres y mujeres (Éramos mujeres jóvenes 184). Sin embargo, después de cuarenta y seis años, se sigue combatiendo contra el cotinuo exceso de responsabilidades que la sociedad impone sobre el cuerpo femenino.

Éramos mujeres jóvenes: Una educación sentimental de la Transición española  (FUERA DE COLECCIÓN) (Spanish Edition): Sanz, Marta: 9788415673262:  Amazon.com: Books

Notas:

* Este trabajo recibió el Primer Premio en el Congreso de Humanidades para Estudiantes Universitarios “Palabras, ideas y culturas” de Rockford University, celebrado el 24 de abril de 2021 y organizado por el Departamento de Lenguas, Filosofía, Religión y Culturas de RU. (This paper received the 1st Award at the 2021 Rockford University Undergraduate Student Humanities Conference “Words, Ideas, and Cultures” held by the Department of Languages, Philosophy, Religion, and Cultures on April 24, 2021).

[1] El “hablar de sí” conduce a la escritura actuada por un conjunto de “seres”: por un lado, desde el punto de vista de ese sí mismo real “lo que cada quien se siente ser” y por el otro, desde otro punto de vista: “lo que la sociedad le exige que sea” en Campra, Rosalba; Prellwitz, Norbert von, Escrituras del yo: España e Hispanoamérica. Roma: Bagatto Libri: 137, 1999.

Obras consultadas:

Alberca Serrano, Manuel, El pacto ambiguo: de la novela autobiográfica a la autoficción. Madrid, Biblioteca Nueva, 2007.

Alberca Serrano, Manuel. La máscara o la vida. De la autoficción a la antificción. Málaga, Editorial Pálido Fuego, 2017.

Ballarín Aguarón, Víctor, Autoficción y autobiografía en Marta Sanz.  Clavícula. Universidad de Zaragoza, Facultad de Filosofías y Letras, 2020.

Campra, Rosalba y Norbert von Prellwitz. Escrituras del yo: España e Hispanoamérica. Roma, Bagatto Libri, 1999.

Chiechi, Luigi Mario. La menopausa nella società postindustriale. Critica alla costruzione medica della menopausa. Roma, Aracne, 2006.

Claesson, Christian. Narrativas precarias. Crisis y subjetividad en la cultura española actual. Xixón, Hoja de la lata S.L., 2019.

Farré, Anna Freixas, et al. “Secretos y silencios en torno a la sexualidad de las mujeres mayores”. Debate Feminista, vol. 42, 2010, pp. 35–51. JSTOR, www.jstor.org/stable/42625163.

Garcia, Jordi y Domingo Ródenas. El ensayo español siglo XX. Crítica, 2009.

Gómez-Martínez, Jose Luis, Teoría del ensayo. Segunda edición. Ciudad de México, UNAM, 1992. http://www.ensayistas.org/critica/ensayo/gomez/indice.htm.

Manzanares, Martha. “El cuerpo, lugar de encuentro”. Theologica Xaveriana, núm.116, pp. 407-419, 1995.

Picchio, Antonella, “La economía política y la investigación sobre las condiciones de vida”. Gema Cairó i Céspedes y Maribel Mayordomo Rico (comps.). Por una economía sobre la vida. Aportaciones desde un enfoque feminista. Barcelona, Icaria, pp. 17-34, 2005.

Pozuelo Yvancos, José María, Novela española del siglo XXI. Madrid, Cátedra, Crítica y Estudios literarios, 2017.

Ros Ferrer, Violeta. La memoria de los otros. Relatos y resignificaciónes de la Transición española en la novela actual. Madrid, Iberoamericana, 2020.

Santos, A. “La salud sí tiene género”. Mujerhoy, Madrid. 2016. https://www.mujerhoy.com/vivir/salud/201512/18/salud-tiene-genero-20151218135555.html

Sanz, Marta. Éramos mujeres jóvenes. Sevilla, Fundación José Manuel Lara, 2016.

—. “Marta Sanz: Razones para hablar del cuerpo y su Clavícula”. Youtube. Ayuntamiento de Elche y coordinado por Ediciones Frutos del Tiempo. Día del Libro. Sala cultural La Llotja. Elche, 2017. https://www.youtube.com/watch?v=_ui6un-K0x8.

—. Clavícula. (Mi clavícula y otros inmensos desajustes). Barcelona, Anagrama, 2018.

—. La lección de anatomía. Prólogo de Rafael Chirbes. Barcelona, Anagrama, 2018.

Triadó, Carme, “FREIXAS, ANNA Nuestra menopausia. Una versión no oficial”. Anuario de psicología / The UB Journal of psychology, vol.38, núm. 3: pp. 448-9, 2007. https://www.raco.cat/index.php/AnuarioPsicologia/article/view/76575

Valls Llobet, Carme, “La menstruación: de la invisibilidad a la abolición”. DUODA. Estudis de la Diferencia Sexual, n. 31, pp.71-84, 2006.

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